¡¡¡El príncipe azul que no existe!!!

12 Jun

Hola a todos,

Después de varias situaciones al límite por parte de personas a las cuales aprecio, me decido de nuevo a escribir para confirmar: ¡¡¡EL PRÍNCIPE AZUL NO EXISTE!!!

En la adolescencia, buscamos al caballero que nos montará en su caballo y nos hará soñar; estará atento a nuestras peticiones, nos complacerá en todos nuestros deseos y nosotras a cambio le idolatraremos. Hasta que un día te levantas y te cuestionas si eso es realmente amor. Pues después de darle vueltas y vueltas, después de varios fracasos a lo largo de la vida y después de escribir los pros y contras, me decanto porque ese príncipe azul es una máscara que nosotras creamos. Creemos que el hormigueo en el estómago nos va a durar toda la vida y NOOO!!. Las mariposas duran lo que tienen que durar, o sea, hasta que conoces a ese príncipe y le bajas del pedestal. A cambio, consigues conocer al que quizás sea el hombre de tu vida o… si realmente no es lo que esperas será una batalla que no tiene ganador ni perdedor.

En ese punto de inflexión donde la vida te hace decantarte a un lado o a otro de la balanza hay que preguntarse  qué es lo que realmente quiero y qué quiero para mí. Yo, y sólo yo, puedo saberlo aunque me cueste noches sin dormir y un mar de dudas.

Creo que solo debemos tropezar una vez con la misma piedra y si realmente tienes a esa persona, la cual te hacer reir, te complementa, te escucha ( a veces), te deja tener momentos para tí  y te saca de quicio de vez en cuando no lo sueltes. Probablemente no sea un príncipe. Sea un hombre de carne y hueso, que te aprecia, te quiere y te valora (ya quedan pocos, la verdad). Pero para ello, deberéis aportar vuestro granito de arena diariamente, deberéis hacer un pequeño esfuerzo cada día por echaros de menos y no dejar que el astío y la distancia devengan en indiferencia.

Por lo que concluyo que formar parte de una pareja implica una serie de compromisos que deben cumplir ambas partes. Uno de ellos es el perdón y otro es la empatía. Deberíamos ponernos en la piel del otro de vez en cuando para cambiar la perspectiva propia y quizás veamos con otros ojos los problemas. Realmente el noventa por ciento de las discusiones son un pulso por marcar el terreno en la relación.

Concluyendo,  no intentemos cambiar a la persona elegida (las chicas tenemos predisposición genética), admitir los errores propios, exigir lo mismo que nosotras ofrecemos y seguir echando granitos de arena para que el príncipe se convierta en TU REY!!!

Hasta pronto…

 

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